Hacia 1808, comienza la etapa final del reinado imperialista de Napoleón. Una de las causas principales de las dificultades francesas fue la actitud de Rusia ante la dominación napoleónica.
En julio de 1807, Alejandro I había cedido ante Napoleón I con excesiva facilidad, debido, por una parte, a una profunda desmoralización y, por otra, a la influencia de la estudiada cortesía del vencedor.
¿Era lógico que aceptara Rusia convertirse en instrumento de la política francesa , cuando su ejército , aunque vencido, no había sido destruido y había podido retirarse más allá del río Niemen?
Ciertamente, no. En 1810 se produjo el abandono de la alianza francesa. Fracasaron las negociaciones, convenciones y matrimonios que podían acercar diplomáticamente a las dos naciones.
En 1812, cada adversario fue preparándose militarmente para una guerra que se preveía, y hasta se deseaba. Napoleón, particularmente, organizaba un inmenso ejército internacional que concentró entre el Vístula y el Niemen.
El emperador, deseoso de “poner fin a la funesta influencia que Rusia ejercía en los asuntos de Europa desde hacía 50 años”, estaba convencido de que, gracias sobre todo a la superioridad de su fuerza (más de 300.000 hombres y casi 1.000 cañones), podría derrotar rápidamente a los ejércitos del zar en las proximidades de las fronteras polaco rusas, y que de este modo obligaría a Rusia a firmar las negociaciones de paz.
Napoleón se encuentra con el zar Alejandro I sobre el Niemen en 1807. Via: Wikipedia Commons
Tan confiado estaba Napoleón, que ni había juzgado necesario equipar a sus soldados para una campaña de invierno.
Pero el mando ruso no respondió a la provocación de Napoleón. Los generales, bien informados por los agentes sobre los preparativos franceses, habían decidido evitar toda batalla de destrucción y, aún a costa de sacrificar parte del territorio nacional, planearon arrastrar a Napoleón a una guerra larga, lejos de sus bases, una guerra de desgaste donde la propia geografía rusa fuera un enemigo más para los franceses.
Esta fue la estrategia de Barclay de Tolly, el ministro de guerra.
Napoleón cometió el error de aceptar el envite de los rusos, que fueron los primeros en sorprenderse al observar la facilidad con la que el ejército francés cayó en la trampa que se le tendía.
Cuando los franceses avanzaron, los rusos comenzaron a retirarse. Pero la retirada era una operación deliberada, por eso la llevaron a cabo metódicamente.
Las tropas regulares rusas marchaban así casi sin pérdida de hombres y de material. Aunque a su paso incendiaban almacenes y cosechas, para dejar a sus perseguidores la tierra quemada e inútil.
Su retaguardia estaba protegida por tropas ligeras de cosacos, montados en caballos pequeños, rápidos y resistentes,que hostigaban sin cesar la vanguardia francesa.
En cambio, el avance de los franceses hacia cada vez más penoso. Cuando finalmente el ejército ruso detuvo su marcha y enfrentó a su perseguidor, las fuerzas estaban igualadas. Del ejército francés que había cruzado el Niemen con 300.000 hombres, sólo quedaban 130.000.
En julio de 1807, Alejandro I había cedido ante Napoleón I con excesiva facilidad, debido, por una parte, a una profunda desmoralización y, por otra, a la influencia de la estudiada cortesía del vencedor.
¿Era lógico que aceptara Rusia convertirse en instrumento de la política francesa , cuando su ejército , aunque vencido, no había sido destruido y había podido retirarse más allá del río Niemen?
Ciertamente, no. En 1810 se produjo el abandono de la alianza francesa. Fracasaron las negociaciones, convenciones y matrimonios que podían acercar diplomáticamente a las dos naciones.
En 1812, cada adversario fue preparándose militarmente para una guerra que se preveía, y hasta se deseaba. Napoleón, particularmente, organizaba un inmenso ejército internacional que concentró entre el Vístula y el Niemen.
El emperador, deseoso de “poner fin a la funesta influencia que Rusia ejercía en los asuntos de Europa desde hacía 50 años”, estaba convencido de que, gracias sobre todo a la superioridad de su fuerza (más de 300.000 hombres y casi 1.000 cañones), podría derrotar rápidamente a los ejércitos del zar en las proximidades de las fronteras polaco rusas, y que de este modo obligaría a Rusia a firmar las negociaciones de paz.
Napoleón se encuentra con el zar Alejandro I sobre el Niemen en 1807. Via: Wikipedia Commons
Tan confiado estaba Napoleón, que ni había juzgado necesario equipar a sus soldados para una campaña de invierno.
Pero el mando ruso no respondió a la provocación de Napoleón. Los generales, bien informados por los agentes sobre los preparativos franceses, habían decidido evitar toda batalla de destrucción y, aún a costa de sacrificar parte del territorio nacional, planearon arrastrar a Napoleón a una guerra larga, lejos de sus bases, una guerra de desgaste donde la propia geografía rusa fuera un enemigo más para los franceses.
Esta fue la estrategia de Barclay de Tolly, el ministro de guerra.
Napoleón cometió el error de aceptar el envite de los rusos, que fueron los primeros en sorprenderse al observar la facilidad con la que el ejército francés cayó en la trampa que se le tendía.
Cuando los franceses avanzaron, los rusos comenzaron a retirarse. Pero la retirada era una operación deliberada, por eso la llevaron a cabo metódicamente.
Las tropas regulares rusas marchaban así casi sin pérdida de hombres y de material. Aunque a su paso incendiaban almacenes y cosechas, para dejar a sus perseguidores la tierra quemada e inútil.
Su retaguardia estaba protegida por tropas ligeras de cosacos, montados en caballos pequeños, rápidos y resistentes,que hostigaban sin cesar la vanguardia francesa.
En cambio, el avance de los franceses hacia cada vez más penoso. Cuando finalmente el ejército ruso detuvo su marcha y enfrentó a su perseguidor, las fuerzas estaban igualadas. Del ejército francés que había cruzado el Niemen con 300.000 hombres, sólo quedaban 130.000.